Cuando un niño se enferma y debe ser internado, su realidad cambia, dando un giro completo: Es internado con su madre en una habitación que solo cuenta con una cama para el niño, una reposera para la madre (en la cual dormirá por la noche y durante el día guardará debajo de la cama); un looker para guardar pocas pertenencias... y...eso es todo.
Han dejado su casa, su familia, sus amigos, su escuela, su maestra. Tengamos en cuenta que provienen de distintos barrios, pueblos, provincias y hasta de países limítrofes.
Durante el período de internación permanecen en la cama, esperando poder levantarse para ir a jugar a la plaza del hospital y, básicamente, volver a su casa.
Por supuesto que cuentan con lo que más necesitan: un grupo de médicos y enfermeras que darán todo por ellos y los cuidarán como si fueran sus propios hijos.
Hay un equipo que los abstrae durante unas horas por día de esta realidad: el equipo de maestros que recorre diariamente las unidades de internación, atendiendo a cada ninño de edad escolar (preprimaria y primaria)